Si algo hace que este edificio sea importante son los elementos decorativos tanto en el exterior como el interior. Sobresalen sus pinturas al fresco que datan de los siglos XVII-XVIII, recientemente restauradas, que curiosamente cubren todas las paredes, bóvedas y cúpula de la ermita, alternando los temas religiosos con temas florales y geométricos.
Las pinturas están dedicadas a pasajes bíblicos donde se representan la vida y la pasión de Cristo, narrada en distintas escenas con una gran variedad de colores.
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